Quiero contarte cómo empecé mi proceso creativo. Lo primero que recuerdo de niña:
desde pequeña siempre estuve enamorada de la fotografía. Para mí era algo increíble, un
sueño. En las pocas ocasiones que podía tener una cámara en la mano —a veces
prestada, y en otras ocasiones cuando mi mamá compraba un rollo para la cámara de la
casa— aprovechábamos para tomar fotos.
Gracias a Dios, mi mamá siempre fue distinta a las demás madres de la época. Me dio
libertad y valoró más lo que yo podía crear con la cámara que el costo del rollo. Eso se lo
agradezco muchísimo: mi mamá ha sido la fan número uno de mi creatividad. Y aunque
después, al revelar el rollo, me miraba con cara de “¿qué hiciste, Verónica?, ¿le tomaste
fotos a un árbol?”, jajaja, nunca fue demasiado dura conmigo. Yo era consciente del valor
de cada rollo y tenía cuidado, pero cada vez que disparaba una foto y componía algo que
me llamaba la atención sentía una satisfacción, una emoción, una felicidad que aún hoy
revive cuando lo recuerdo.
Con la llegada de las cámaras digitales —y siendo mi mamá tan hospitalaria—
recibíamos huéspedes en casa. Vivíamos en una zona turística de Colombia, donde los
hoteles eran caros en temporada alta; aunque nuestra casa era humilde, mi madre
siempre que podía ofrecía hospedaje, a amigos de amigos que lo necesitaban. Eso nos
permitió conocer a gente maravillosa.
Recuerdo la vez que una pareja de recién casados se quedó con nosotros: tenían una
cámara digital y para mí era lo más sorprendente del mundo —una cámara que no
necesitaba rollo, tengo el recuerdo intacto de verla en sus manos y quedarme embobada.
Me la prestaron y, por un rato, disparé fotos como si hubiera tocado algo muy valioso,
más allá de su valor monetario, era la posibilidad de crear y dar rienda suelta a mi
creatividad. Soñaba con tener una cámara así, pero era muy cara para nuestro
presupuesto.
Años después, cuando me iba a graduar del colegio, le pedí a mi papá una cámara digital:
era mi mayor deseo. Mis padres decidieron comprármela antes del grado para que
pudiera usarla en las fotos de mi graduación y fiesta, gracias a mi ingeniosa persuasión
argumentando que con ellos ahorraríamos los costos de las fotos de mi graduación, lo
cual era muy cierto y aún hoy agradezco ese regalo que marcó el comienzo de un
camino maravilloso.
Aprender con la cámara digital, probar, explorar… fue increíble. Me encanta contarlo
porque lo revivo cada vez: aún tenemos muchas fotos de esa época. Luego llegaron los
celulares con cámara, hice vídeos, y mi acercamiento a la fotografía siguió creciendo.
Para mí fue, y sigue siendo, una experiencia maravillosa.
